Riesgos que no dan espera: Yopal y Tumaco (parte 1/3) ¿Quién es el responsable ante un riesgo de desastre?
Los profesionales, especialmente los que tenemos alguna relación con la comprensión y solución de riesgo de desastres, tenemos la responsabilidad de ser actores principales dentro de la sociedad civil, siendo principalmente claros al denunciar la falta de acción para preservar la vida de habitantes de zonas bajo amenaza.

Parte 1: ¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE ANTE UN RIESGO DE DESASTRE?

Es importante empezar por recordar que en realidad no hay desastres naturales. “Una cosa es el fenómeno incontrolable de la naturaleza, y otra es el desastre que puede causar sobre la vida, que es su consecuencia. No hay desastres naturales, lo que hay es desastres causados por fenómenos de la naturaleza combinados con la falta de preparación para enfrentar tales fenómenos“. En mi artículo La responsabilidad profesional (Fonseca, El mundo es nuestra meta, 2016), se explica detenidamente esto, a propósito del caso de los terremotos, y se cuestiona el alcance de la palabra responsabilidad, especialmente para las profesiones vinculadas con la prevención de desastres.

El Principio de Precaución, incluido en la Ley 1523 de 2012 (que creó el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres), no deja dudas en la responsabilidad de las autoridades y de los particulares al respecto: “Cuando existe la posibilidad de daños graves o irreversibles a las vidas, a los bienes y derechos de las personas, a las instituciones y a los ecosistemas como resultado de la materialización del riesgo en desastre, las autoridades y los particulares aplicarán el principio de precaución en virtud del cual la falta de certeza científica absoluta no será óbice para adoptar medidas encaminadas a prevenir, mitigar la situación de riesgo“. Los “particulares” somos todos, y el Estado somos todos y no solo las autoridades, y por lo tanto, a todos nos cubre este alcance, y mucho más, a los profesionales vinculados con el tema, que tenemos el chance de ser sujetos activos en razón de nuestros conocimientos. Es parte de la responsabilidad profesional, que queramos o no, hace parte de ser profesionales.

En algunos casos, la actividad del ser humano se vuelve detonante de fenómenos naturales, como la deforestación que es causa de deslizamientos en una cuenca, y que, en combinación con un invierno severo, pueden convertirse en una avalancha. La afectación principal de los humanos sobre el clima del planeta es el calentamiento global debido a su actividad económica, que desemboca en que fenómenos naturales puedan ahora considerarse antrópicos también.

El desastre sobre la vida, como es la pérdida de vidas humanas y de animales, también puede extenderse a la pérdida de condiciones de vida después del evento, y depende de la preparación que tenga la población para enfrentar un fenómeno natural particular (conocida como resiliencia). Es decir, depende de qué tan vulnerable sea la población frente al fenómeno.

Lo lógico, por consecuencia, es que se estudie la vulnerabilidad de una población frente a un posible fenómeno que la pueda afectar en grado importante, y emprender las acciones para reducir (también se usa mitigar) el riesgo del posible desastre. Es necesario precisar que para reducir el riesgo, se tienen dos posibilidades: o se erradican las causas o se atenúan las consecuencias. En general, los fenómenos naturales que se constituyen en la amenaza, no son una causa que se pueda erradicar (salvo dentro de un análisis más complejo sobre el calentamiento global, en el caso en que las acciones correctivas de todos los humanos llevaran a atenuar sus efectos por completo); pero la condición de vulnerabilidad sí se puede erradicar, como por ejemplo, cuando se hace la relocalización completa de una población que podría estar en la trayectoria de la siguiente avalancha de un río, o atenuar sus consecuencias, como tener siempre listo un probado plan de evacuación para salvar las vidas y enfrentar una reconstrucción después del evento.

Las autoridades, locales, regionales y nacionales tienen la responsabilidad de medir el riesgo, comunicarlo a los habitantes, y montar y ejecutar los planes de erradicación o mínimo de atenuación de vulnerabilidades. Los habitantes tienen la responsabilidad de exigir y enterarse de los riesgos a los que están sometidos, y participar activamente en los planes que tengan sus autoridades para mitigar el riesgo de desastre. La sociedad civil tiene la responsabilidad de vigilar que las autoridades estén asumiendo su responsabilidad, y ayudar complementariamente a que se hagan y ejecuten sus planes. Los profesionales, especialmente los que tenemos alguna relación con la comprensión y solución de riesgo de desastres, tenemos la responsabilidad de ser actores principales dentro de la sociedad civil, siendo principalmente claros al denunciar la falta de acción para preservar la vida de habitantes de zonas bajo amenaza.

Fotografía tomada de El País, abril 2017, Desastre de Mocoa

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