3 lecciones aprendidas del edificio desplomado y 3 medidas que debieran aplicarse, incluso antes del diagnóstico técnico (lamentable caso del edificio Space en Medellín, Colombia)
Todos los constructores podrían aprovechar esta ocasión para hacer el mismo autoexamen y no esperar que las autoridades de control los obliguen, o peor, la comunidad los denuncie. Con acciones como estas, el sector recuperaría la confianza, y los constructores que pudieran declarar medidas preventivas se “pre-conciliarían” con la sociedad de manera inmediata, erigiéndose además como campeones del respeto a la vida, a su negocio y a sí mismos.

Después de un acto de gobierno muy importante ejecutado por el organismo de gestión de riesgos y de desastres de Medellín, el edificio Space torre 6 de 24 pisos, con 161 apartamentos de vivienda de clase alta fue evacuado, porque su inspección determinó que estaba en riesgo de desplomarse. En efecto se desplomó unas pocas horas después. Se evitó una gran tragedia medida en número de personas muertas aunque lamentablemente 11 personas finalmente sí perdieron la vida. Eran ingenieros, trabajadores y un miembro de la seguridad del conjunto, que estaban evaluando cómo solucionar el problema estructural que se manifestaba en grietas en la estructura en general y en una columna dañada específicamente, según la información de prensa.

El edificio fue construido muy recientemente, un año atrás, por una firma constructora de largo recorrido, con alrededor de 34000 unidades de vivienda vendidas en su historia. Su socio más reconocido fue incluso gobernador del departamento de Antioquia y alcalde de Medellín, y al momento de la tragedia era parte de las directivas de importantes gremios del sector y de la ingeniería. Es decir, una empresa y una persona con toda la experiencia y reconocimientos posibles.

Se espera el análisis técnico para saber qué paso a ciencia cierta, sin especulaciones de los periodistas que han brotado a montones, ni de la gente del común. Hay que entender que es natural que una situación así genere pánico generalizado, pero también hay que saber que sólo los científicos pueden responder la respuesta de qué pasó. Pudo haber sido un error o la suma de varios en uno o varios elementos o actividades o decisiones en el millón de pasos que se requieren para imaginar, diseñar, hacer y vender un edificio. Pero aún antes de obtener este importantísimo diagnóstico, se pueden ya sacar lecciones aprendidas, y extender algunas medidas preventivas que permitan prevenir los riesgos que pueden estar latentes en cualquiera de nuestras ciudades, por las mismas razones o parecidas, que puedan implicar una tragedia.

Quizás la industria aeroespacial constituye la mejor comparación en estos casos. Antes de este caso, yo mismo habría dudado en que sean comparables los efectos de sus tecnologías, pero en su esencia no, puesto que se trata de ciencias en evolución y perfeccionamiento, con diferentes rigurosidades eso sí, precisamente de lo cual hay que extraer orientación y ejemplo.

Las lecciones hasta ahora aprendidas se podrían resumir así:

1.      Un edificio se puede caer, por fuera de eventos como terremotos o cualquiera asociado a fenómenos naturales. Y en esas tragedias se truncan vidas, y se destruyen capitales. Esta lección, que ahora parece obvia, con seguridad antes de la tragedia no lo era. Como no había pasado, es natural que se hubieran podido relajar los métodos, procedimientos, controles, y se hubieran podido bajar los factores de seguridad y se hubieran podido ignorar detalles. Muy probablemente toda la sociedad pensaba que los edificios no se caían.

2.      Ante una tragedia así, todos los relacionados con los diseños, construcción y promoción del edificio quedan involucrados y sus consecuencias pueden llegar a ser terribles, no solo por responder por la pérdida de vidas que de por sí ya es gravísimo, sino también por enfrentar una posible quiebra habiendo perdido toda una vida profesional y empresarial. Hay que recordar que la sociedad no puede permitir un evento así sin castigarlo y buscar las causas, establecer las responsabilidades y obligar a la reparación respectiva, aunque la de las vidas cegadas en la tragedia sea simbólica en dinero, porque ya no habrá recuperación de las personas. Esto es parte de terminar con la zozobra que un desastre así causa en las personas de una sociedad, que se pueden ver reflejadas en una posible situación igual, y que necesitan buscar seguridad en las respuestas y acciones que efectivamente busquen y apliquen sus autoridades.

3.      Que aunque no se conozcan aún las causas técnicas, de las cuales sus efectos lógicos serán entre otros la revisión de los métodos en todas las actividades involucradas, y el endurecimiento de las medidas de control de la calidad en todas esas muchísimas actividades que llevan a la realización de un proyecto de un edificio, o de cualquier construcción, inmediatamente, por todas partes, se empiezan a prever situaciones parecidas a lo largo y ancho de todo el país, muchas ya evidenciadas con síntomas similares, con la consecuente reacción de las autoridades cuyo sentido de prevención se ve exasperado por obvias razones. Ahora hay que entender que toda grieta aislada en una pared no estructural pueda ser motivo de pánico.

Ante estas enseñanzas de la tragedia, hay acciones preventivas por aplicar, en este caso por el sector de la construcción, pero que en forma universal se pueden extender cualquier empresa en cualquier sector, haciendo la debida analogía y guardando las debidas proporciones específicas que toque hacer. De hecho la industria aeronáutica lo haría, e incluso de automovilística también aplica acciones similares.

1.      Hay que reafirmar el valor de la calidad en todo. Hay que trabajar con calidad en cada paso, y asegurar que las cosas estén bien diseñadas, calculadas, realizadas, hechas o construidas. La calidad paga, no es ni mucho menos un lujo. Es el requerimiento número uno del producto y no es optativo.

2.      Hay que auto chequear la calidad en cada paso, y antes de cumplir ante alguna entidad o cliente, hay que cumplir con uno mismo, no sólo por moral, o ética, o ambas, sino por la prevención de los terribles efectos que sobrevienen en caso de haber problemas, que pueden incluso acabar con las empresas y con sus socios.

3.      Si hay dudas de lo ya ejecutado, hay que tener el mayor coraje para ser preventivos, y declarar, como efectivamente lo hacen las industrias citadas, que puede haber habido problemas, y salir a prevenir tragedias inmediatamente y a repararlas antes de que sucedan. Esto siempre será mejor desde todo punto de vista, moral, ético, y para ser prácticos, del económico también. Para el caso del edificio Space, los constructores deberían hacer una revisión preventiva de sus productos ya vendidos, para re-chequear si pudieran haber corrido riesgos, o si se generaron riesgos durante sus realizaciones, y no esperar que suceda algo desafortunado, o incluso, que una autoridad tenga que obligarlos a hacerlo. Pero todos los constructores podrían aprovechar esta ocasión para hacer el mismo autoexamen y no esperar que las autoridades de control los obliguen, o peor, la comunidad los denuncie. Con acciones como estas, el sector recuperaría la confianza, y los constructores que pudieran declarar medidas preventivas se “pre-conciliarían” con la sociedad de manera inmediata, erigiéndose además como campeones del respeto a la vida, a su negocio y a sí mismos.

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