La tecnología debe generar ahorros o permitir mayores ingresos. Nunca debe ser suntuaria y menos implantada por moda
No es extraño encontrar errores en la adquisición e implantación de tecnología en las empresas. He aquí una lista de posibles causas, que sirven de guía para no caer en ellas ante la decisión de inversión en tecnología.

Aunque es una frase que suena apenas lógica, no es extraño encontrar errores en la adquisición de tecnología en las empresas. El síntoma que más se encuentra es que luego de su implantación, la tecnología no ha representado beneficios reales, bien sea en mayores ingresos,  ahorros de cualquier forma o en mejores análisis estratégicos.

¿Por qué puede resultar mal una decisión así? No es posible suponer una respuesta genérica, y es fácil entender que depende de varios factores, como el tipo de empresa, el tipo de tecnología, y sobre todo, de la forma como se toman las decisiones en la empresa. He aquí una lista de posibles causas, que sirven de guía para no caer en ellas ante la decisión de inversión en tecnología.

  1. Falta de claridad en el objetivo. En cualquier decisión debe tenerse claro el objetivo, por      supuesto; en este tipo de decisiones normalmente no hay uno sino varios combinados, pero el objetivo principal debe ser el aumento de competitividad, bien sea por una mejor forma de lograr más y mejores ventas, lograr más velocidad y precisión en los procesos, menos desperdicios o cualquier forma de ahorro, o la posibilidad de hacer análisis de tipo estratégico, todo lo anterior debido estrictamente a la adquisición de tal tecnología. Todos los requisitos adicionales, que van desde funcionales hasta culturales, deben estar subordinados a este principal.
  2. Falta de una correcta medición del impacto de la decisión. Cuando no se parte de un objetivo      bien cuantificado, es fácil perderlo de vista después de un largo proyecto de implantación, como suelen ser los de tecnología. Bien cuantificado es un atributo que es difícil de lograr y que normalmente no se le da la importancia requerida. Es necesario estudiar bien qué es lo que se va a lograr con la tecnología y cuantificarlo, para establecer las metas a chequear después de implantado el proyecto, y perseguirlas con persistencia hasta alcanzarlas.
  3. Falta de competencia para la toma de la decisión. No obstante pueden haber personas muy capaces dentro de las empresas, se suele, o disminuir las necesidades de conocimiento y      experiencia para tomar una decisión correcta, o sobreestimar las capacidades internas. Los directivos de las empresas deber ser expertos en dirigir la empresa; no fácilmente pueden ser expertos en la tecnología a seleccionar. Su competencia gerencial para adoptar un proceso de toma de decisiones (método) debe ser complementado con el conocimiento y experiencia requeridos, de la manera más objetiva y profesional posible, puesto que de ello depende en gran parte el éxito de la decisión. Esto exige humildad profesional de los directivos para reconocer que no se puede saber de todo, y que por ello existen especialistas.
  4. Seguir una moda o creer que la tecnología da prestigio (suntuaria). Aunque parezca ilógico, es muy frecuente observar cómo se toman decisiones de gran envergadura, de largo plazo, con base en las opiniones de colegas estimados, o porque empresas admiradas o envidiadas han invertido en una tecnología determinada, que suplieron en forma inadecuada el análisis debido. Es conveniente pedir esas opiniones, a la manera de testimonios, que puedan enseñar tanto éxitos como errores cometidos por otros y para establecer salvaguardias para el proyecto con base en experiencias ajenas, pero no como influenciador principal de la decisión. Nunca debe seguirse una moda, y menos comprar orgullo con una tecnología.
  5. Falta de competencia para la implantación de la tecnología. Parecido al punto 3 pero referente a la implantación, con conclusiones similares. Una vez tomada la decisión hay que protegerla al máximo, haciendo las cosas correctas. Una de esas acciones es asegurarse de adoptar o adaptar la tecnología con la competencia requerida, y asegurar el concurso de las mejores personas      internas acompañadas de los especialistas que se requieren, para alejar cualquier posibilidad de fracaso y lograr el objetivo principal lo antes posible, a tiempo.
  6. Falta de dedicación para la implantación de la tecnología. Otra causa de fracaso que se observa muy a menudo es la falta de dedicación al proyecto de implantación por parte de personas clave de la empresa. Cuando se planean los proyectos y se asignan los recursos, entre ellos estas personas clave, se presentan dos tipos de problemas: dedicación no exclusiva al proyecto, o persona no idónea. Esto normalmente presenta una sin salida que se ilustra con un ejemplo: si se está implantando una nueva aplicación de manufactura, la persona más idónea, que asegura el éxito del proyecto en forma natural es el directivo superior de manufactura; pero si se dedica 100% al proyecto ya no podría ser el directivo de manufactura y por lo tanto dejaría de asegurar el éxito integral del proyecto. Es necesario que el resultado del proyecto sea su responsabilidad, debidamente balanceada con las operaciones; no es conveniente su delegación. En cambio, él si puede designar sus mejores colaboradores para que ejecuten las tareas del proyecto, le reporten permanentemente y tomen las decisiones del proyecto con él, en conjunto.

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